lunes, marzo 16, 2009

El eterno intercambio de dos contrapartes: Jan Švankmajer.


Desde ya el haberme nutrido de Švankmajer en mis primeros años de vida (gracias Caloi en su Tinta) hace dificultoso conservar cierta objetividad sobre él. Intentando emular un primer vistazo, voy a intentar analizar/rescatar detalles mayores. Cada corto introduce una atmósfera surrealista con una actitud expresionista. Aunque cada pieza no es completamente animada en una técnica específica, podemos darnos cuenta que la animación no proviene del stop motion, pixilation o clásica (no me malinterpreten, hay elementos de estos tres estilos), sino más bien desde el montaje. A veces de una velocidad imperceptible, psicótica y violenta y siempre terriblemente sincronizada con música estridente, cruda y rítmica. Es interesante el hecho de que el director también se acredita como guionista, pues imaginar su concepción en palabras impresas en papel es casi imposible.
Para Švankmajer no somos más que polvo y carne. Un conflicto eterno de contradicción humana, donde la audiencia es testigo de cómo la naturaleza se opone a las estructuras culturales. Notamos que cada corto es una historia que ya se ha repetido un número inconcebible de veces antes de que presionemos play. Los personajes comienzan a actuar como autómatas, despersonalizados. Las emociones humanas representadas – el autor conscienzudamente quiere que reconozcamos que son representaciones – son poses estáticas, y sus ejecutantes son tallados por el tiempo, escarchados, consumidos y enajenados por ello.
Los representantes, dos contrapartes, comienzan a contradecirse entre ellos y a sí mismos; mediante la constante repetición de una acción en particular, un mantra hipnótico toma forma, y el conflicto se funde en un sinsentido. Rara vez se transparenta un forcejeo literal como “religión vs. emociones fisiológicas”, pero son representadas con tal ira y resentimiento desde Švankmajer, quien no duda en encontrar el punto más sensible en nuestra llaga, y estrujarlo con fuerza; poniendo a prueba nuestra tolerancia, mediante símbolos que remiten la simplicidad de la infancia y la podredumbre de la muerte. O podredumbre de la infancia, y simplicidad de la muerte. Esta trivialización de la muerte viene como contraparte de la romantización de la misma de parte de la sociedad. La muerte toma un rol justiciero y democrático, donde la falsedad de los roles formales son exteriorizados al final; todo decaerá, no importa qué o quién, la naturaleza siempre reinará sobre la superficialidad de la cultura. Siempre. Semejantes extremos son los argumentos de Švankmajer.
Creando ese vacío emocional, el director hace uso de objetos que personifican nuestras acciones y roles. El no solo mueve los objetos, el explora su vida latente; al internarse en el objeto, el absorve de él toda posibilidad expresiva. Una papa puede ser una fantasía sobre nuestra desprotegida infancia. Si no, utilizará a un actor en vivo que será víctima de un raccord matemático y encuadres detallistas, con el objetivo final de despersonalizarlo hasta llegar a un punto cero. La materia humana (una no muy lejana de la fecal) estará lista para cumplir una asignación en conjunto con otro ser/objeto.
La idea/sensación de exceso nos asalta, cuando llegamos a ver objetos cotidianos (o gente “cotidiana”) excediendo sus limitaciones y rompiendo sus estructuras hacia la absoluta anarquía. Švankmajer presta atención al concepto de anarquía, donde nada tiene nombre, y los objetos están en uso de propósitos impensables. Mezclando lo incompatible hacia el extremo del asco, él concientiza lo que transformamos a partir de algo orgánico e inorgánico por dictado cultural, dándoles un nombre y uso. Mezclamos harina, agua y levadura, y creamos la idea de pan. La representamos. Pero el pan no está ahí realmente. La cultura es el acostumbramiento del caos imperceptible rodeándonos.
Pesimista para algunos –o para públicos novatos-, y vigoroso para el experimentado. Es notable (pero a la vez no sorprende) que estas películas han sufrido años de censura. Podemos verlas luchando contra el tiempo mientras son reproducidas, como si fuesesn autoconcientes de la persecución política. La calidad y nitidez puede no ser la mejor, pero se puede apreciar como una actitud de resistencia y una vida vivida.


Santiago Slaby.







N. del R.: este es el primer ejercicio de publicar "notas de interés" en La Semana Onirica. Qué opinan de este emprendimiento, estaría bueno saber.

5 comentarios:

Ricardo De Luca dijo...

que buena nota che! yo habia visto ese corto eb caloi

Brian Janchez dijo...

bien ahi. ahorita me lo leo.
brian.

Brian Janchez dijo...

esta perfecta la animacion. dios.
que bueno que es.
brian.

Ariel Diaz dijo...

incrible lo de este tipo.

jene dijo...

Siempre es interesante ver notas de interés - buen emprendimiento